lunes, 21 de septiembre de 2009


El gato,
La noche,
Solo una ilusión...



Cuentan los vientos que una de tantas veces la luna decidió cantar la historia que por tanto tiempo callo, el trágico desenlace que sufrió el corazón de los ojos de la noche...
Se dice que en los octubres nocturnos un felido ser miraba fijo a la luna esperando a un aullido reclamar su atención...


Ni dormida ni despierta se escondía entre los arboles atento al mas leve sonido, movimiento, pero el aterrador silencio y soledad era lo único que lo abrazaba, hundiéndolo en las sombras.
Posado entre las mas altas ramas maullaba lento casi solo para si; cantaba con ternura y sapiencia un cuento de los que sus sueños relataban.



Pasaba así las horas hasta dormirse con sus propio canto; de vez en cuando algo lo despertaba, un ratón en ocasiones, y otras el sonido de las hojas al moverse con el viento, sin embargo cuando las nubes despejaban el cielo la luna despertaba cubriendolo con su manto luminoso y llenando al felino de felicidad y serenidad, y entonces, solo entonces el tan esperado aullido se escuchaba fuerte y constante...


La curiosidad de saber lo incierto incitaban al felino a vivir con la esperanza de conocer al dueño de sus noches, aquel lobo que provocaba sacara sus pequeñas garras. Precisamente una noche cargada de fuertes vientos que avisaban la llegada del otoño, la luna se presento en su traje de gala iluminando el caos nocturno;
el pequeño se sintió tan atraído a ella que no dudo un segundo en subir para besarla en la mejilla, sin embargo un sonido surgió de la nada, y en un acto hábil y rápido el felido ser llego a la copa del árbol mas alto desde donde percibió una silueta que se detenía y miraba hacia su dirección. Después de unos segundos de suspenso, aquello se alejo...



La pregunta iba para la luna, reina y dueña de la noche
Que era aquello que se había atrevido a profanar ese territorio??
Los siguientes días el brillo en los ojos de la noche desapareció,
tal parecía que a medida que pasaba el tiempo se iba con el
la esperanza de conocer al protagonista de sus sueños,
la sonrisa paso de traviesa y sintilante a ser parte de la nada.



La luna no podía tolerar eso, pero tampoco podía decirle la verdad, el concepto del amor maneja un lenguaje diferente al conocimiento
y por mucho que quisiera no podría despertar a la noche, así que se conformaba con arrullarla en su etapa menguante, y secar sus lágrimas con el algodón de las nubes...


Noche a noche, calmado, maullaba esperando que se le respondiera, pero no siempre pasaba...
Cansado de esperar por una respuesta, el felino se encamino envalentonado al otro extremo del lugar, para por fin declarar aquello que su piel y pelaje apresaban con recelo.



Camino la mitad de la noche entusiasmado y temeroso de vez en cuando, pero de dejaba arrastrar por la ilusión de su amor, el sueño de poder acariciarlo y rosarlo con su pelaje, impregnar en el el aroma felino que no volvería a encontrar.


Subió la colina a grandes esfuerzos, ya precia ver a un ser esperandolo, la cara se le ilumino, una risa se le dibujo y cuando por fin llego a la punta de la colina escucho un aullido...
aquel aullido que lo había ilusionado durante tanto tiempo, venia del viento y un árbol hueco.
El gato se sentó a un lado del árbol y miro el amanecer dejando en el crepúsculo de la madrugada un canto doloroso, un maullido quejumbroso sellado con una lágrima.



El gato, la noche, se había enamorado del sonido del viento, de un aullido que juro amarlo, de un aullido que prometió ser lobo, un lobo que nunca existió...

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